Un innovador estudio científico publicado en la revista Astrophysical Journal Letters ha revelado detalles alarmantes sobre el controvertido plan de la empresa californiana Reflect Orbital de colocar espejos gigantes en órbita para reflejar la luz solar hacia la Tierra durante la noche. Liderado por investigadores como Gáspár Bakos, el estudio modela la grave contaminación lumínica que generaría una constelación propuesta de hasta 50.000 reflectores espaciales.
La amenaza de la luz solar bajo demanda
El satélite piloto de la compañía, denominado Eärendil-1, cuenta con un reflector de 18 por 18 metros a unos 600 kilómetros de altitud. Presentado como una solución para mantener activas las granjas solares o iluminar zonas de desastre, las versiones de producción alcanzarían los 54 por 54 metros. Según los modelos de física atmosférica, un solo espejo de este tamaño se vería aproximadamente cuatro magnitudes más brillante que una luna llena para cualquier persona bajo su haz de luz.
Vacíos regulatorios e impacto ambiental
A pesar de las objeciones formales de la American Astronomical Society y de diversos colectivos de protección del cielo oscuro, la FCC aprobó el satélite piloto en julio, argumentando que la contaminación lumínica no entra dentro de su jurisdicción regulatoria. El brillo disperso de un solo espejo superaría la luz natural de la luna a una distancia de 14 kilómetros, transformando el cielo nocturno en un crepúsculo perpetuo.
¿De quién es el cielo nocturno?
A medida que la carrera espacial comercial avanza, el debate sobre quién debe regular el entorno nocturno se intensifica. Los expertos advierten que el despliegue de cientos de estos espejos orbitales podría significar la pérdida definitiva del cielo estrellado para la humanidad.



