Tras evolucionar y migrar por todo el mundo durante tres décadas, el virus de la gripe aviar altamente patógena H5N1 ha llegado oficialmente a Australia, lo que genera profundas preocupaciones entre los científicos sobre su impacto potencial en la fauna autóctona y los mamíferos marinos. Identificado por primera vez en granjas avícolas de la provincia china de Guangdong en 1996, este letal patógeno ha cruzado múltiples continentes, dejando millones de aves muertas y decenas de miles de mamíferos marinos a su paso antes de irrumpir en el último continente que quedaba libre.
El recorrido de una panzootia global
El virus se originó en 1996 cuando gansos del sur de China enfermaron con una cepa que causaba disfunción neurológica y muerte. Según expertos como el Dr. Frank Wong, del Centro Australiano de Preparación para Enfermedades de CSIRO, la cría intensiva de aves de corral actuó como un incubador perfecto para la alta patogenicidad. Las aves acuáticas migratorias, actuando como «caballos de Troya», transportaron el virus a Europa, África, las Américas y la Antártida. El 20 de junio de 2026, un págalo pardo encontrado agonizando en el Parque Nacional Cape Le Grand, cerca de Esperance, confirmó la llegada de la panzootia a Australia.
Amenaza para mamíferos marinos y fauna local
La llegada del virus ha desatado una gran alarma para la fauna nativa de Australia, en particular sus pinnípedos residentes como el lobo marino de Nueva Zelanda, el lobo marino australiano y el león marino australiano (en peligro de extinción). La científica veterinaria Dr. Rachael Gray, quien presenció tasas de mortalidad devastadoras en elefantes marinos en la Antártida, advierte sobre graves riesgos neurológicos. Además, detecciones recientes en el oeste y sur de Australia, confirmadas por la ministra de Agricultura Julie Collins, indican que el virus ha comenzado a propagarse desde las aves marinas migratorias hacia las poblaciones de aves locales.
Salud pública y medidas de bioseguridad
A pesar del rápido aumento en las detecciones en la vida silvestre, las autoridades sanitarias sostienen que el riesgo actual para los humanos sigue siendo bajo, con aproximadamente 500 muertes humanas registradas a nivel mundial desde 1997, principalmente entre trabajadores avícolas. Las autoridades mantienen una estricta vigilancia mientras el sector avícola comercial sigue libre de la enfermedad según los estándares internacionales, aunque expertos como Kate Miller, de BirdLife Australia, enfatizan la necesidad de una máxima alerta.



