Una severa sequía impulsada por el fenómeno climático El Niño vuelve a poner en riesgo el Canal de Panamá, obligando a las autoridades a recortar el tránsito diario de barcos. A partir del 3 de septiembre, esta vital vía fluvial reducirá el tráfico de 36 a 34 embarcaciones diarias, y a 32 para el 15 de septiembre. El canal maneja el 5 por ciento del comercio marítimo mundial y cerca del 40 por ciento del tráfico de contenedores de Estados Unidos, convirtiendo estas restricciones en un cuello de botella crítico.
La creciente presión sobre los recursos hídricos
El Canal de Panamá depende de lagos artificiales, como el lago Gatún, para operar sus esclusas. Sin embargo, la escasez de agua ha obligado a los administradores a priorizar el suministro para unos 2 millones de personas, casi la mitad de la población de Panamá, y la generación hidroeléctrica. ‘Cuando los niveles de agua bajan demasiado en esos embalses, tienen que restringir el número de barcos para conservar agua para esos otros usos que también son críticos’, señaló Samuel Muñoz, profesor asociado de la Northeastern University.
La congestión en la zona se ha disparado, agravada por las tensiones en rutas alternativas como el estrecho de Ormuz. Las tarifas de las subastas para cruzar sin reserva previa han alcanzado los 380.000 dólares, y un buque pagó 4 millones de dólares en agosto para saltarse la fila. Los expertos advierten que estos mayores costos de transporte afectarán directamente los precios al consumidor final.
Cambio climático y perspectivas a largo plazo
Esta crisis recuerda a la sequía extrema vivida entre principios de 2023 y mediados de 2024, que motivó planes para un nuevo embalse estimado en 1.600 millones de dólares. Aunque el administrador del canal, Ricaurte Vásquez Morales, aseguró que ‘el canal no improvisa’, los modelos climáticos liderados por Muñoz advierten que el cambio climático podría reducir sustancialmente los niveles del lago Gatún a lo largo del siglo XXI.



