La llegada de un El Niño extremadamente potente ha encendido las alarmas a nivel mundial. Los científicos advierten que su punto máximo coincidirá con la temporada seca en la selva amazónica, un escenario crítico impulsado por el calentamiento de las aguas del océano Pacífico y el cambio climático inducido por el ser humano.
Un ecosistema al borde del colapso
La cuenca amazónica enfrenta este fenómeno en un estado sumamente debilitado tras los estragos del El Niño 2023-24, que redujo caudalosos ríos a mínimos históricos y desató incendios devastadores. Instituciones como la NOAA señalan que cerca del 40 % del bosque ya se encuentra degradado por la deforestación y la actividad humana, lo que incrementa drásticamente el riesgo de mega incendios forestales.
Impacto global en la agricultura y seguridad alimentaria
Las repercusiones de este evento climático afectan gravemente al sector agropecuario de Sudamérica, donde los ganaderos y agricultores sufren por la escasez de agua y el estrés térmico en los animales. Asimismo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advierte que hasta 49 millones de personas podrían sufrir hambre severa debido a las fallas en las cosechas y las perturbaciones climáticas globales.
Llamado urgente a la acción climática
El reconocido climatólogo brasileño Carlos Nobre enfatiza que las medidas a corto plazo, como el aumento de brigadas contra incendios, son insuficientes. Si no se frena la deforestación y se reducen drásticamente las emisiones de combustibles fósiles, el clima global seguirá amplificando catástrofes de proporciones históricas.



