Un equipo internacional de investigadores ha descubierto en el sur de China un fósil de 520 millones de años que arroja luz sobre los orígenes evolutivos de la flotabilidad en los cefalópodos. Bautizado como Eoceras shaanxiense, este diminuto espécimen mide apenas unos milímetros y presenta el sifúnculo más conocido: un tubo interno especializado que permitía a las criaturas marinas antiguas regular el equilibrio de agua y gas, revolucionando su desplazamiento por el océano.
Revelando los secretos de la Explosión Cámbrica
Publicado en la revista Nature el 29 de julio de 2026, este innovador estudio estuvo dirigido por Junfeng Guo de la Universidad de Chang’an, junto con investigadores como Bing Pan del Instituto de Geología y Paleontología de Nankín y Jakob Vinther de la Universidad de Bristol. Recuperados de la Formación Shuijingtuo, los 32 microfósiles conservados retrasan la cronología de los cefalópodos con sifúnculo en aproximadamente 30 millones de años, conectando un vacío crucial que se remonta a la Explosión Cámbrica.
Un sistema de lastre biológico
Los cefalópodos modernos como los pulpos, los calamares, las sepias y los nautilos dependen de mecanismos sofisticados para controlar si ascienden o descienden en la columna de agua. Los fósiles analizados de Eoceras revelan una etapa evolutiva intermedia entre los animales de concha tabicada más antiguos y las especies modernas. Utilizando avanzada microscopía electrónica de barrido (SEM) y microtomografía computarizada (micro-CT), los científicos confirmaron que el tubo segmentado actuaba como un lastre biológico primitivo, permitiendo a estos depredadores milimétricos elevarse del lecho marino por primera vez.



